El Reino de León nació en el año 910 cuando Alfonso III el Grande, rey de Asturias, dividió sus territorios entre sus tres hijos. García, el primogénito, recibió León y trasladó allí la capital del reino. Durante tres siglos y veinte años, hasta la unión definitiva con Castilla en 1230, León fue gobernado por veinte monarcas de tres dinastías distintas.
Dinastía Astur-Leonesa
Trece monarcas descendientes de Alfonso III el Grande gobernaron León durante 127 años. Su historia es la de la consolidación del reino entre las presiones de los reinos vecinos cristianos y las campañas del Califato de Córdoba.
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910–914
García I
Primogénito de Alfonso III el Grande, García fue el primer rey de León al trasladar la corte desde Oviedo a la ciudad de León. Su reinado fue breve y tranquilo. Murió en 914 sin descendencia, por lo que le sucedió su hermano Ordoño.
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914–924
Ordoño II
Segundo hijo de Alfonso III, ya era rey de Galicia desde 910. Su reinado es uno de los más importantes del siglo X: obtuvo una resonante victoria sobre los musulmanes en San Esteban de Gormaz (917), aunque también sufrió la derrota de Valdejunquera (920), donde el califa Abderramán III capturó a dos obispos leoneses. Fue el primer monarca en ostentar plenamente el título de «Rey de León».
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924–925
Fruela II el Leproso
Tercer hijo de Alfonso III, era hasta entonces rey de Asturias. Accedió al trono de León a la muerte de Ordoño II, pero su reinado duró apenas un año: murió de lepra en 925. Su prematura muerte desencadenó una grave crisis de sucesión entre sus hijos y los hijos de Ordoño II.
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925–926
Alfonso Fróilaz el Jorobado
Hijo de Fruela II, se apoderó brevemente del trono de León a la muerte de su padre. Fue depuesto al cabo de menos de un año por sus primos, los hijos de Ordoño II. Algunos historiadores no lo reconocen como rey legítimo dada la brevedad y carácter usurpador de su ocupación del trono.
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926–931
Alfonso IV el Monje
Hijo de Ordoño II, abdicó voluntariamente en 931 para retirarse al monasterio de Sahagún. Al poco tiempo arrepintió de su decisión e intentó recuperar el trono, pero su hermano Ramiro II lo capturó y lo hizo cegar —castigo habitual en la época para inhabilitar a los rivales al trono— obligándolo a permanecer en el convento el resto de su vida.
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931–951
Ramiro II el Grande
Considerado uno de los más grandes monarcas de León, su reinado de veinte años fue de notable expansión y poder. Su victoria más célebre fue la Batalla de Simancas (939), en la que derrotó de forma aplastante al califa Abderramán III, frenando durante décadas las incursiones musulmanas al norte. Gobernó con firmeza, cegando incluso a sus propios sobrinos para asegurar la sucesión de sus hijos.
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951–956
Ordoño III
Hijo de Ramiro II, tuvo que enfrentarse desde el primer momento a la rebelión de su hermano Sancho —apoyado por el conde de Castilla Fernán González y el rey de Navarra— que reclamaba el trono. Pese a ello mantuvo el reino intacto hasta su muerte prematura en 956, sin dejar herederos varones.
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956–958 · 960–966
Sancho I el Craso
Hijo de Ramiro II, su apodo hace referencia a una obesidad tan extrema que le impedía montar a caballo. En 958 fue depuesto por la nobleza leonesa y su primo Ordoño IV tomó el trono. Sancho viajó a Córdoba, donde los médicos del califa Al-Hakam II lograron curarle, y regresó en 960 para recuperar el reino. Gobernó con más habilidad en su segundo reinado, aunque murió en 966, posiblemente envenenado por una manzana.
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958–960
Ordoño IV el Malo
Hijo de Alfonso IV el Monje, aprovechó la incapacidad de Sancho I para hacerse con el trono con apoyo del conde Fernán González de Castilla. Cuando Sancho regresó curado de Córdoba, Ordoño huyó y murió en el exilio. La historia le ha juzgado con dureza, como refleja su apodo.
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966–985
Ramiro III
Hijo de Sancho I, fue coronado con apenas cinco años bajo la regencia de su madre. Su reinado, el más largo del siglo X en León, fue sin embargo un período de grandes dificultades: las incursiones vikingas devastaron las costas de Galicia, y el reino fue hostigado por las primeras campañas de Al-Mansur (Almanzor), el hachib del califa. Fue depuesto en 985 por la nobleza gallega, que proclamó rey a Bermudo II.
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985–999
Bermudo II el Gotoso
Nieto de Ramiro II, su reinado coincidió con los años más devastadores de las campañas de Almanzor: el dictador del Califato de Córdoba saqueó León en 988, destruyendo sus murallas, y arrasó Santiago de Compostela en 997, llevándose las campanas de la catedral a hombros de cautivos cristianos. La gota que padecía Bermudo le impedía moverse y obligaba a que lo trasladaran en litera, imagen que simboliza la impotencia del reino ante el poder de Almanzor.
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999–1028
Alfonso V el Noble
Hijo de Bermudo II, también coronado con cinco años, reinó casi treinta años. Su legado más duradero es la promulgación de los Fueros de León (1017-1020), uno de los primeros textos legales codificados de Europa Occidental, reconocido por la UNESCO como Memoria del Mundo. Reconstruyó la ciudad de León después de los destrozos de Almanzor y restauró la autoridad real. Murió en 1028 de un flechazo durante el asedio de Viseu (actual Portugal), a los treinta y tres años.
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1028–1037
Bermudo III el Mozo
Hijo de Alfonso V, fue el último rey de la dinastía astur-leonesa. Su hermana Sancha se casó con Fernando, conde de Castilla, alianza que acabó siendo su perdición: los conflictos territoriales con su cuñado desembocaron en la Batalla de Tamarón (1037), donde Bermudo III murió combatiendo. Al no dejar herederos, el reino pasó a su hermana Sancha y a su esposo Fernando.
Dinastía Jimena
Con Fernando I, León se unió a Castilla bajo una misma corona. Esta época vio la conquista de Toledo y la llegada al trono de la primera reina de la historia leonesa.
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1037–1065
Fernando I el Magno
Conde de Castilla por herencia y rey de León por derecho de su esposa Sancha —hermana de Bermudo III—, Fernando fue el primer monarca que unió bajo una misma corona León y Castilla. Extendió el reino hacia el sur sometiendo a los reinos de taifas al pago de parias (tributos). En su lecho de muerte en 1065 dividió el reino entre sus hijos: Sancho recibió Castilla, Alfonso recibió León y García recibió Galicia —decisión que generó décadas de guerra fratricida.
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1072
Sancho II el Fuerte
Rey de Castilla, Sancho II arrebató el reino de León a su hermano Alfonso VI en 1072, quien fue desterrado a Toledo. Su reinado leonés duró apenas meses: fue asesinado en el Cerco de Zamora por Bellido Dolfos, según la tradición mientras intentaba espiar los muros de la ciudad. Su muerte es uno de los episodios más dramáticos de la épica medieval castellano-leonesa y aparece en el Poema del Cid.
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1065–1072 · 1072–1109
Alfonso VI el Bravo
Hijo de Fernando I, recibió el reino de León y fue expulsado brevemente por su hermano Sancho II. Tras la muerte de este, reunificó todos los reinos y protagonizó el mayor hito de la Reconquista del siglo XI: la conquista de Toledo en 1085, primera gran ciudad del Al-Ándalus recuperada por los reinos cristianos. Gobernó bajo el título de «Imperator totius Hispaniae» —Emperador de toda Hispania— y su corte fue un referente cultural europeo. Murió en 1109 sin heredero varón.
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1109–1126
Urraca I la Reina
Hija de Alfonso VI, fue la primera reina reinante de León y posiblemente de Europa Occidental. Heredó todos los dominios de su padre y gobernó en su propio nombre, no como consorte. Su reinado fue extraordinariamente turbulento: se enfrentó a su segundo marido, Alfonso I de Aragón, en una guerra civil que devastó el reino; luchó también contra su propio hijo Alfonso VII que reclamaba el poder. Pese al caos, mantuvo el reino unido hasta su muerte en 1126.
Casa de Borgoña
Los últimos tres reyes de León pertenecieron a la Casa de Borgoña. Bajo ellos, el reino alcanzó su mayor esplendor institucional y cultural antes de la unión definitiva con Castilla.
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1126–1157
Alfonso VII el Emperador
Hijo de la reina Urraca y del conde Raimundo de Borgoña, Alfonso VII fue coronado «Emperador de toda Hispania» en la Catedral de León en 1135 —el único rey medieval peninsular que ostentó el título imperial de forma solemne y reconocida por los demás reinos—. Todos los reyes y grandes señores de la Península, incluyendo los reyes de Portugal, Navarra y Aragón, le rindieron homenaje. A su muerte en 1157 cometió el mismo error que Fernando I: dividió el reino entre sus dos hijos, separando de nuevo León de Castilla.
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1157–1188
Fernando II
Hijo de Alfonso VII, recibió León y Galicia a la muerte de su padre. Fue un rey activo que fundó Ciudad Rodrigo y promovió la repoblación de amplias zonas de Extremadura. Apoyó la restauración de la Catedral de León —cuyas obras continuaban— e impulsó las órdenes militares en la frontera sur del reino. Sus relaciones con Castilla y Portugal fueron complicadas, con alternancia de alianzas y conflictos.
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1188–1230
Alfonso IX
Hijo de Fernando II y último rey independiente de León, Alfonso IX es quizás el monarca leonés de mayor trascendencia histórica en el ámbito del derecho y las instituciones. En 1188 convocó en León las primeras Cortes de la historia de Europa Occidental —con representación del clero, la nobleza y los ciudadanos (el «tercer estado»)—, reconocidas por la UNESCO como Memoria del Mundo y origen del parlamentarismo moderno. En 1218 fundó el Studium Generale de Salamanca, germen de la Universidad de Salamanca, una de las más antiguas de Europa. Murió en 1230; su hijo Fernando III heredó León y la unió definitivamente con Castilla, poniendo fin al Reino independiente de León.
A la muerte de Alfonso IX, su hijo Fernando III el Santo —ya rey de Castilla desde 1217— heredó el Reino de León, unificando ambas coronas de forma definitiva. León no desaparecía: su legado —el parlamentarismo, la tradición jurídica, la Catedral, las universidades— pasaba a ser el cimiento sobre el que se construiría el futuro de España.